Una vez le preguntaron a una mujer:
¿Qué obtienes orando a Dios regularmente?
No gano nada, respondió ella, al contrario, pierdo.
Y qué has perdido?
Su respuesta fue esta:
Perdí el orgullo, la arrogancia, la codicia la envidia, el placer de mentir, el gusto por el pecado, la impaciencia, la desesperación y hasta el desánimo que en ocasiones se apoderaba de mi.
♥
Te fijas, cuando oramos lo hacemos no para ganar sino para perder todo aquello que no nos permite crecer espiritualmente.
La oración educa, fortalece, sana, además es el único canal que nos conecta directamente con Dios. Nada más.
Bendiciones.
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