A menudo cuidamos mucho lo que comemos, cómo nos vestimos o los lugares que visitamos, pero olvidamos cuidar lo que sale de nuestra boca. Las palabras no se las lleva el viento; las palabras tienen peso, dirección y consecuencias. Con una sola frase podemos levantar el ánimo de alguien que sufre, o podemos hundir el corazón de quienes más amamos.
Busco discernir y nutrirme de la Palabra Sagrada para estar en condiciones de regar Semillas de Fe y Esperanza. Se que no será fácil y estoy consciente de que en determinados momentos el desánimo podría apoderarse de mi, porque así trabaja el que vive en la oscuridad, inyectando apatía, pesimismo y desaliento, de lo que si estoy segura es que el Mediador para llegar al Padre guiará mi nuevo peregrinar. Te invito a seguir mis pasos y a formar parte del "Devocional Mi Rosagena"
Mostrando entradas con la etiqueta ¡El poder de lo que hablas!. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ¡El poder de lo que hablas!. Mostrar todas las entradas
sábado, 1 de agosto de 2026
¡EL PODER DE LO QUE HABLAS!
Escrito está:
Proverbios 18:21 "La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos".
Nuestras palabras reflejan directamente lo que habita en nuestro interior. Cuando criticamos, juzgamos o declaramos derrota, solo mostramos un corazón lleno de insatisfacción. En cambio, cuando decidimos hablar con gracia, verdad y fe, nos convertimos en canales de la bendición de Dios para los demás.
En la rutina diaria es fácil caer en la queja, el chisme o la respuesta áspera. Sin embargo, la Biblia nos desafía a usar nuestra voz de manera sabia. Antes de hablar, debiéramos preguntarnos si lo que vamos a decir va a edificar, a sanar o a traer paz. Si no construye, es mejor guardar silencio. Una palabra dicha en el momento correcto es como un bálsamo para el alma sedienta.
Jesús siempre usó sus palabras para sanar, restaurar, perdonar y enseñar. Él nunca desperdició su voz en ofensas ni en discusiones inútiles. Sigamos su ejemplo hoy. Que nuestra boca sea un manantial de agua limpia que bendiga nuestro hogar, nuestro trabajo y nuestra comunidad.
Ora conmigo:
Señor, que mis palabras sean medicina, consuelo y aliento para los que me rodean. Permíteme hablar siempre desde tu amor. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
