En un mundo lleno de zozobra e inquietud donde muchos se levantan por la mañana y ni siquiera agradecen a Dios por permitirles ver el sol de un nuevo día, es fácil olvidar su grandeza y perder de vista su amor, su poder, prestigio y majestad.
Quizás te cueste creerlo, pero ignorar lo que él demanda de nosotros, nos lleva al pecado y a la desobediencia, convirtiéndonos en presa fácil para caer en la ansiedad frente a las circunstancias difíciles de la vida.
La mejor manera de recordar su soberanía es a través de la Palabra, la oración y la adoración, solo así podremos estar conectados con él.
Ora conmigo:
Señor, no esperaré a que las circunstancias sean perfectas para adorarte, porque tú eres digno de ella. Hoy decido hacer de la alabanza mi estilo de vida. Ayúdame a detenerme en medio de mis ocupaciones para reconocerte, para agradecerte y para recordarme a mí misma que estás en control de todo. Te alabaré, incluso cuando me sienta cansada. Recibe hoy toda la gloria que sólo tú mereces. En el nombre de tu Hijo. Amén.
