Los años han pasado. pero aún recuerdo la profunda desilusión que sentí cuando me negaron el derecho a presentar un examen final por llegar tarde. A pesar de que intenté justificarme ante la profesora, su respuesta fue tajante:
"Lo siento, no puedes entrar".
No le respondí; sabía que hacerlo solo empeoraría la situación. Me retiré y me senté en un banco, pensando: "No gano una, todo me sale mal, Dios se ha olvidado de mí".
Sin embargo, la historia no terminó ahí.
Me vi obligada a repetir la materia con esa misma profesora, y en un giro inesperado del destino, unos días después, sufrí un accidente que cambió mi situación por completo. Debido a ello, no pude asistir a clases y, a la larga, me libré del trato despótico de aquella mujer. Ese "no" que experimenté anteriormente no fue un final, sino la preparación para una oportunidad aún mejor.
Esta experiencia fortaleció mi confianza en el Señor y me enseñó una verdad esencial: aunque podemos trazar muchos planes, es él quien tiene la última palabra, porque sus decisiones prevalecerán por siempre.
Aceptar esta verdad me permitió comprender que cada paso que doy y cada puerta cerrada me acercan más a donde él quiere que esté.
Proverbios 19:21 "La gente tiene muchas ideas, pero sólo se hará realidad la decisión del SEÑOR"
Ora conmigo:
Amado Padre, gracias por guiarme incluso en los momentos de desilusión. Te agradezco por cada puerta cerrada que me ha acercado a tu propósito y por cada lección que me has enseñado en el camino. Seguiré confiando en tu plan, sabiendo que tú tienes la última palabra en mi vida. Te pido abras mi corazón a las oportunidades que tú me brindas. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y amigo. Amén.
