Todos somos iguales ante los ojos de Dios.
Para él no existen ricos ni pobres, blancos o negros, sin embargo nos atrevemos a juzgar a otros cuando han cometido errores, como si nosotros fuéramos infalibles.
Miramos por encima del hombro a quien está en un nivel inferior sin pensar que el día de mañana las cosas pueden ser todo lo contrario.
Tú y yo no somos más ni menos que nadie, tal vez tenemos algunos privilegios que otros no tienen pero eso es solo por la misericordia de Dios.
Santiago 2:8-9 "Ustedes hacen bien si de veras cumplen la ley suprema, tal como dice la Escritura: «Ama a tu prójimo como a ti mismo.» ▪ Pero si hacen discriminaciones entre una persona y otra, cometen pecado y son culpables ante la ley de Dios"