Morir es ley de vida y en algún momento nos enfrentaremos a la muerte, no sabemos cómo ni cuándo, tampoco la hora, lo único cierto es que nos agrade o no, todos tenemos ese destino común.
Eclesiastés 9:12 "Vi además que nadie sabe cuándo le llegará su hora. Así como los peces caen en la red maligna y las aves caen en la trampa, también los hombres se ven atrapados por una desgracia que de pronto les sobreviene"
El momento será de imprevisto y de nada servirá habernos creído superiores a los demás por haber tenido un automóvil último modelo, por haber vestido ropa de marca, por haber ido al gimnasio para moldear nuestro cuerpo o por habernos hospedado en hoteles cinco estrellas, lo importante será haber cumplido en la tierra la voluntad del Altísimo.
Estemos dispuestos a amar y a perdonar no en odiar buscando venganza. Caminemos por sendas de bien. Seamos condescendientes con nuestros semejantes y sobre todo, reconozcamos el sacrificio que Dios hizo por cada uno de nosotros al cumplir su propósito enviando a Jesús a morir en la cruz sin merecerlo.
Tomemos decisiones sabias sobre cómo vivir nuestra vida, cómo cuidarnos y confiemos en que él es soberano, tiene el control de todas las cosas y la muerte no será más que el tránsito a la vida eterna.
1 Juan 5:11 "Y el testimonio es este: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo"
