Muchas veces llegue a pensar que los días oscuros eran más largos, que mis luchas no valían la pena y que intentar mantenerme firme era imposible, me veía vencida por las circunstancias.
Hoy veo la situación desde otra perspectiva y aunque se que no soy de hierro, reconozco que vivo en un mundo donde los problemas nos sacuden sin compasión alguna, donde la pérdida, la incertidumbre, el dolor y el cansancio nos hacen dudar de si estamos caminando en la dirección correcta.
Pero en medio de todo eso, he logrado mentalizar lo que Jesús nos dice: “Confíen, yo he vencido al mundo”
Escrito está:
Juan 16:33b "En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo"
Él no nos prometió una vida sin problemas, pero sí nos aseguró que ya la batalla está ganada. Eso significa que los desafíos que enfrentamos no son señales de derrota, sino parte del proceso que nos transforma y nos acerca más a su propósito.
No te sientas derrotado, si estás perdiendo las fuerzas, simplemente estás siendo entrenado. El enemigo quiere que confundas los desafíos con fracasos, pero Dios los ve como herramientas para mostrar su gloria a través de ti.
¡No bajes los brazos! Aún hay esperanza, aún hay promesas en pie, aún hay propósito en tu dolor. Jesús ya venció, y si estás en él, tu también vencerás.
Ora conmigo:
Señor enséñame a ver los desafíos como oportunidades para crecer, para depender más de ti y para experimentar tu poder de una forma nueva. Alejame de la desesperanza y llévame de la mano, aun cuando no comprenda nada. Que en cada batalla, mi corazón diga: “Jesús ya venció y estando en él yo también venceré”. En el nombre poderoso de tu Hijo. Amén.
