"Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado"
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Después que Lázaro murió, Jesús fue a la aldea de Betania, cuando vio a Marta llorando, él también lloró, fue conmovido por su dolor y aunque sabía que Lázaro iba a resucitar de entre los muertos, participó de su congoja.
En medio de esta situación, Jesús demostró ser capaz de compadecerse de nuestras debilidades.
A cada uno de nosotros nos ha tocado más de una vez sufrir, pero muy a pesar de todo, lo verdaderamente agradable es saber que sus palabras, están llenas de esperanza y fortalecen nuestro espíritu.
Salmos 23:4 "Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento"
El dolor tiene un propósito, llorar no es malo pero también tiene su límite.
Así lo dicen las Sagradas Escrituras. Leamos:
Aunque los tiempos de aflicción nos sorprendan, ¡confiemos...! porque Jesús todo eso lo venció.
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Señor, son muchas las tribulaciones que he tenido que enfrentar y aunque reconozco que me han sacudido, he conseguido el debido consuelo que tu me has sabido otorgar. Oro a tu Hijo para que así sea siempre. Amén.