¡Cantemos al Señor...! ¡sin temor, sin pena...!, a él le agradan nuestras alabanzas, no hay necesidad de ser excelentes cantantes y si tu voz es desafinada, no te preocupes por eso, la única audiencia será tu Padre, quien anhela escucharte sin tomar en cuenta la perfección de tu expresión o la melodía de la canción.
Salmos 95:1-2 "Vengan y con alegría aclamemos al Señor! ¡Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación! ¡Lleguemos ante su presencia con alabanza! ¡Aclamémosle con cánticos!
Con Cristo en el corazón nuestro gozo jamás será pasajero.
