Si hay algo que el ser humano realmente necesita es amor. Pero no cualquier amor, sino el verdadero: ese que no cambia con las circunstancias ni se apaga cuando fallamos.Me refiero al amor que viene de Dios.
El apóstol Pablo nos recuerda que este amor no se consigue por esfuerzo propio; es un regalo derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. ¡Y ese afecto lo cambia todo!
Romanos 5:5 "Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado".
Si pensamos por un momento en las veces que nos hemos sentido incapaces de perdonar, de soportar una ofensa o de amar a alguien difícil, nos damos cuenta de que solos no podemos.
Pero cuando dejamos que Dios nos llene, encontramos fuerzas para abrazar en vez de rechazar, para escuchar en lugar de juzgar y para dar sin esperar nada a cambio.
Ese amor no depende de nuestro carácter ni de nuestras emociones, sino de quién es Él.
Es un amor que restaura matrimonios, sana heridas familiares y fortalece amistades.
No importa cuántas veces te hayan fallado. Si buscas a Dios y lo dejas entrar en lo profundo de tu corazón, vas a experimentar el amor verdadero: ese que sostiene y da vida.
Ora conmigo:
Señor, eres maravilloso. No tengo nada de qué quejarme. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.
