Leamos:
2 Corintios 4:7 "Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros".
Las vasijas de barro son frágiles, comunes y se quiebran fácilmente. Sin embargo, en la antigüedad, era ahí donde se guardaban los tesoros más valiosos. Muchas veces nos avergonzamos de nuestras cicatrices, de los errores del pasado o de nuestras debilidades visibles. Pero son precisamente esas grietas las que permiten que la luz interior brille hacia afuera.
Tu valor no depende de una vida perfecta y sin golpes, sino del tesoro divino que cargas dentro de ti.
Ora conmigo:
Señor, gracias por amarme en mi fragilidad. No permitas que mis imperfecciones me hagan sentir menos valiosa. Usa mis cicatrices como testimonios de tu gracia para que a través de mis grietas, otros puedan ver tu luz, tu restauración y tu poder. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.

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