Vivimos en un mundo que corre, donde lo inmediato es la norma y la espera se ve como una pérdida de tiempo. Nos desesperamos cuando las respuestas no llegan rápido, cuando las puertas no se abren de inmediato o cuando el proceso se vuelve difícil. Sin embargo, en el reino de Dios, la espera no es tiempo perdido; es tiempo de preparación.
Busco discernir y nutrirme de la Palabra Sagrada para estar en condiciones de regar Semillas de Fe y Esperanza. Se que no será fácil y estoy consciente de que en determinados momentos el desánimo podría apoderarse de mi, porque así trabaja el que vive en la oscuridad, inyectando apatía, pesimismo y desaliento, de lo que si estoy segura es que el Mediador para llegar al Padre guiará mi nuevo peregrinar. Te invito a seguir mis pasos y a formar parte del "Devocional Mi Rosagena"
sábado, 1 de agosto de 2026
¡EL VALOR DE ESPERAR SU TIEMPO!
Escrito está:
Isaías 40:31 "Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán".
Esperar en Dios no significa cruzarse de brazos con apatía o resignación. Esperar en Dios es un acto de fe activa. Es decidir confiar en su carácter y en su fidelidad, aún cuando el panorama parece no cambiar. En el silencio de la espera, Él no está inactivo; está trabajando en nuestro carácter, limpiando nuestros sentimientos y fortaleciendo nuestras raíces.
Él no cambia nuestra situación de inmediato porque prefiere cambiarnos a nosotros primero. El oro se purifica en el fuego, y nuestra fe se consolida en la paciencia. Las bendiciones que llegan antes de tiempo nos pueden destruir, pero las que llegan en el momento perfecto nos sostienen para siempre.
Moisés estuvo en el desierto, David cuidando ovejas y ninguno de ellos pasó a su propósito sin antes pasar por la escuela de la paciencia. Si hoy te encuentras en una sala de espera, no te desanimes. Dios camina contigo en el proceso y u tiempo es perfecto.
Ora conmigo:
Señor, hoy decido descansar en tus promesas y recordar que tus tiempos son mejores que los míos. Fortalece mi fe mientras espero. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.
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