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miércoles, 1 de abril de 2026

¡LA DICHA DE SER TU PRISIONERA...!●

Leamos para entender:

Efesios 3:1 "Así que yo, Pablo, soy prisionero de Jesucristo para bien de ustedes que no son judíos"

Pablo estaba encarcelado, pero su espíritu se elevaba más allá de las barras y las cadenas. 

Él se consideraba un prisionero, no de Roma, sino de Jesucristo.

Para Pablo, su estancia en prisión no era un accidente sino una misión divina, un medio para extender el mensaje del Evangelio. 

En lo personal y reflexionando en mi propia vida, he tenido responsabilidades muy fuertes. Recuerdo los días de cuidar a mi padre, un anciano de avanzada edad y a mi hermano con problemas mentales. Esa temporada parecía limitarme a los confines de mi hogar. 

En esa época, conocí a una viejita de mi vecindario. No lo niego pero esta señora por su forma de hablar me cautivó y mi perspectiva fue otra. Pude comprender que no era prisionera de mi rutina, sino prisionera de Cristo para bendición de estas queridas almas.

Reconociendo esto, no solo mi actitud cambió, también mis acciones.

Hoy en día mi labor continúa con mi hermano porque mi papá partió de este plano, hace unos cuantos años. 

Ora conmigo:

Señor, gracias porque nada en mi vida sucede sin tu consentimiento divino. Necesito comprender la dicha de ser tu prisionera, de estar atada a un propósito eterno que trasciende mi comprensión. Quiero vivir cada día consciente de esta realidad y que mi vida refleje la belleza de servirte sin importar dónde me encuentre. En el nombre de tu Hijo. Amén.