Hay días en que los problemas se multiplican y las personas que más esperábamos que nos apoyaran, nos fallan.
Eso mismo vivió el profeta Miqueas. Él veía un pueblo dividido, lleno de injusticia, corrupción y desconfianza y aún así, en medio de tanta oscuridad, tomó la decisión de "mirar al Señor".
Escrito está:
Miqueas 7:7 "Yo, por mi parte, pondré la mirada en el Señor, y esperaré en el Dios de mi salvación. ¡Mi Dios habrá de escucharme!"
Esa es la diferencia entre rendirse y seguir de pie.
Cuando todo se ve gris, podemos quedarnos atrapados en la frustración o levantar nuestros ojos y recordar que Dios no nos abandona.
En esas temporadas donde todo sale mal, mirar al Altísimo, no es solo un acto de fe, es una declaración de confianza. Es decirle: “Señor, aunque no entiendo lo que pasa, sé que tú me escuchas y en ti puedo esperar”.
Miqueas no estaba viendo soluciones inmediatas, pero sí tenía la plena seguridad de que él no lo dejaría.
Esa misma promesa es para ti y para mí. Quizás el panorama tarde en cambiar pero si decides mirarlo, él renovará tus fuerzas y llenará tu corazón de esperanza.
Ora conmigo:
Señor, gracias por escucharme y por no dejarme sola. Elijo mirarte, porque sé que en ti está la victoria. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.
