El libro de Eclesiastés 3:1 nos recuerda:
"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora".
Pero como seres humanos la inmediatez nos acelera y deseamos cosechar el mismo día que sembramos. Olvidamos que la naturaleza pasa por el invierno antes de florecer en primavera. Las etapas de silencio o preparación no son tiempo perdido; son el subsuelo donde se desarrollan nuestras raíces más fuertes.
Si hoy sientes que nada avanza, recuerda que la semilla crece bajo tierra en total oscuridad. No apresures tu proceso.
Ora conmigo:
Señor, enséñame a confiar en tus tiempos. Dame la paciencia para abrazar la estación en la que me encuentro hoy, sabiendo que tú estás trabajando en lo invisible. Fortalece mi fe para esperar con paz tu momento perfecto. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.
