En momentos de adversidad, surgen preguntas como éstas:
¿Por qué a mí?
¿Acaso hice algo para merecer esto?
¿Estará Dios molesto conmigo?
Pensamos que si nos ocurre algo malo es porque hemos fallado y Dios está enojado.
Este pensamiento nos lleva a un torbellino de emociones que nos deja confundidos, inseguros, e incluso, amargados.
Si te encuentras en esta situación, quiero ayudarte a bajarte de este tren desenfrenado con esta verdad: las circunstancias adversas no significan que Dios está enojado contigo, todo lo contrario, la Palabra Sagrada nos revela que él es misericordioso, clemente y lento para la ira.
Escrito está:
Salmos 103:8 "El Señor es misericordioso y clemente; es lento para la ira, y grande en misericordia"
Mantente firme que tus pruebas y tribulaciones no cambian lo que él siente por ti.
Ora conmigo:
Padre, no permitiré que pensamientos falsos interfieran en nuestra relación. En el nombre de tu Hijo. Amén.
