Hay días en que las fuerzas flaquean, los pasos se vuelven inseguros y el camino se convierte en un atolladero, lo vemos solitario, lleno de obstáculos e incertidumbre.
Quizás lo mismo pudo sentir Jacob en su viaje a Harán, él se encontraba solo pues había dejado atrás a su familia y su hogar.
Sin embargo, a través de un sueño, Dios le hizo una promesa que resonaría a lo largo de toda su vida.
Leamos:
Génesis 28:15 "He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho"
Esa promesa no fue solo para Jacob; también es para nosotros porque su protección no está condicionada a circunstancias, ni méritos. Su Presencia nos acompaña, incluso, cuando nos sentimos perdidos, llenos de dudas o incapaces de seguir adelante.
Ten presente que cuando el peso de la vida nos agobia, él se convierte en nuestro mejor refugio.
Ora conmigo:
Señor, enséñame a caminar con mis hermanos en la fe para ser luz y consuelo de aquellos que se sienten solos. En el nombre de tu Hijo. Amén.
