sábado, 1 de agosto de 2026

¡UNA PUERTA FORZADA SIEMPRE COBRA UN PRECIO!

Imagina por un momento a Abraham y Sara, conocidos anteriormente como Abram y Saray. 

Dos personas que amaban profundamente a Dios, que habían dejado su tierra, su familia y su seguridad siguiendo una promesa. El Señor les había dicho algo extraordinario, algo que desafiaba toda lógica humana: tendrían un hijo. Un heredero. Una vida nueva que nacería de dos cuerpos ancianos que el tiempo ya había marchitado.

Durante años, Sara se despertaba cada mañana mirando su vientre. Cada amanecer era una batalla entre la esperanza y la duda. Por su edad, ella ya no entendía los tiempos divinos y fue así como se armó de valor diciéndole a Abraham:

Génesis 16:2-3 "—Tú sabes que el SEÑOR no me ha permitido tener hijos, así que ten relaciones sexuales con mi esclava. Tal vez yo pueda tener un hijo por medio de ella. Abram hizo lo que Saray le dijo. ▪︎ Cuando Abram llevaba diez años viviendo en la tierra de Canaán, su esposa Saray tomó a su esclava Agar y se la dio como mujer a su esposo Abram"

La historia de estos patriarcas es un poderoso recordatorio de cómo nuestra fe y paciencia son desafiadas en momentos de espera y desesperación. La experiencia de Sara, quien se sintió obligada a buscar una manera de cumplir sus deseos por su propia cuenta, resuena en muchos de nosotros cuando enfrentamos situaciones difíciles.

Sara y Abraham sucumbieron a la desesperación y tomaron una decisión que aún hoy tiene repercusiones en la historia 

Así nació Ismael. No fue una puerta que Dios abrió, fue una puerta que ellos forzaron. Y aunque Ismael era un hijo amado, su nacimiento trajo consigo un dolor que tocaría generaciones.

Detente un momento y sé completamente honesto contigo mismo: ¿Hay algo en tu vida que anhelas con todas tus fuerzas? 

Escúchame, cuando Dios abre una puerta, no necesitas esforzarte para entrar. Sus puertas traen paz, fluyen con propósito y no requieren que abandones tu integridad para cruzarlas. Pero las puertas que tú fuerzas siempre traen consecuencias que no estabas preparado para enfrentar. 

Lo que nos enseña esta historia, es que la verdadera fe implica confiar ciegamente, sino también en sus tiempos. A veces nuestra impaciencia nos lleva a forzar situaciones, como lo hicieron ellos. Sin embargo, este tipo de decisiones pueden generar consecuencias dolorosas y conflictos que perduren en el tiempo.

Recuerda que él tiene un plan pleno y perfecto.

Jeremías 29:11 "Porque yo sé los planes que tengo para vosotros, dice el SEÑOR, planes de paz y no de mal, para daros un futuro y una esperanza"

Ora conmigo:

Señor, soltaré lo que estoy forzando y confiaré en que tú abrirás la puerta correcta, en el momento justo, sin que tenga que romperla para entrar. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y amigo. Amén 



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