Leamos:
Apocalipsis 3:15-16 "Yo sé todo lo que haces, y sé que no eres frío ni caliente. ¡Cómo quisiera que fueras frío o caliente! ▪︎ Pero como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca"
El mensaje de Jesús es claro, él no está buscando seguidores indiferentes ni desapasionados, sino a aquellos que están comprometidos con la verdad y el amor de Dios.
Tristemente vivimos en un mundo que valora más la apariencia y los bienes materiales, que todo lo que tenga que ver con la espiritualidad.
Si no lo sabes, te lo voy a recordar:
Estar retirado del camino divino, es sinónimo de caer en la trampa de lo indebido.
Cristo nos recuerda que las riquezas del mundo no pueden llenar el vacío del alma, que solo él puede proveer el oro refinado que enriquece el espíritu y la vestidura blanca que cubre nuestra vergüenza.
Apocalipsis 3:17-18 "Tú dices: “Yo soy rico; he llegado a tener muchas riquezas. No carezco de nada.” Pero no sabes que eres un desventurado, un miserable, y que estás pobre, ciego y desnudo. ▪︎ Para que seas realmente rico, yo te aconsejo que compres de mí oro refinado en el fuego, y vestiduras blancas, para que te vistas y no se descubra la vergüenza de tu desnudez. Unge tus ojos con colirio, y podrás ver"
Él nos reprende por nuestro bien y como tal, anhela lo mejor para cada uno de nosotros. Por consiguiente, este mensaje no es de condena, sino de amor.
Apocalipsis 3:19 "A todos los que amo, yo los reprendo y los castigo; así que muestra tu fervor y arrepiéntete"
Quizás te sientas tibio o incluso descalificado para recibirlo. Pero su promesa es clara: si escuchas su voz y abres la puerta, él entrará. No importa cuán lejos hayas estado o cuán frío haya sido tu caminar; él está listo para transformar tu vida con su gracia y bondad.
Es tiempo de fortalecer tu fe, de abandonar la comodidad y de buscar con ahinco el propósito eterno que Jesús tiene para ti.
Su invitación de abrir la puerta de tu corazón es personal. Él no obliga a nadie, todo lo contrario; espera pacientemente que escuches su voz y decidas recibirlo.
Apocalipsis 3:20 "¡Mira! Ya estoy a la puerta, y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré en su casa, y cenaré con él, y él cenará conmigo.
Oremos:
