En el sendero de la vida, a menudo transitamos por desiertos de soledad y valles de tribulación, pero en mi corazón resuena una verdad que disipa toda sombra de abandono: Dios camina a nuestro lado. En cada precipicio que amenaza con tragarnos, su Presencia es la firme certeza que sostiene nuestro paso.
No importa el rincón oscuro en el que la vida nos haya podido llevar, él está allí.
Quizás pensemos que su rostro se ha ocultado pero somos nosotros quienes sin percatarnos, hemos desviado la mirada.
Él nos ama, nos consuela, nos perdona y nos recibe de nuevo con una compasión que no conoce límites.
Celebro que Dios no se comporta como el ser humano que a menudo nos aparta sin miramientos. Su fidelidad y su verdad son el faro que nunca se apaga.
Si te sientes perdido, vuelve a sintonizarte con quien todo lo puede, para que puedas retomar el camino hacia él.
Deuteronomio 31:6 "Esfuércense y cobren ánimo; no teman, ni tengan miedo de ellos, porque contigo marcha el Señor tu Dios, y él no te dejará ni te desamparará."
Ora conmigo:
Señor, gracias porque mientras haya aliento en mi ser, tú tienes un propósito para mi vida. Mi interés es mantenerme centrada, sin importar la intensidad de la tormenta o la furia de las olas. Necesito anclar mi corazón en la fe y la confianza de que tú estás conmigo, guiando cada paso de mi viaje. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y amigo. Amén.
