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lunes, 1 de junio de 2026

¡ROTO Y AGRADECIDO AL MISMO TIEMPO!●

Cuando atravesamos una pérdida o una decepción profunda, las personas que nos rodean nos dicen frases como estas:

"¿Hasta cuándo lloras?",

"Supéralo",

"Deberías estar agradecido por lo que tienes".

A ese dolor asfixiante que llevamos, le sumamos el peso de la culpa, convencidos de que nuestra tristeza es sinónimo de ingratitud.

Tener fe no te anestesia ni anula tu derecho a sentir dolor. Dios no te pide que escondas tu nostalgia para demostrarle a los demás qué tan fuerte eres.

Exigirte sentir únicamente emociones "luminosas" es una forma sutil de invalidar tu propia historia. Hasta el mismo Jesús, consciente de que resucitaría a su amigo Lázaro, se detuvo y lloró de dolor frente a su tumba. Si Aquél que tenía la respuesta absoluta se dio el permiso de experimentar la fractura humana, ¿por qué tú te exiges ser de piedra?

Deja de disculparte por lo que sientes. Tu dolor es válido, tu gratitud también, y ambas pueden coexistir sin anularse la una a la otra.

Salmos 34:18 "El Señor está cerca de los que tienen el corazón quebrantado; él rescata a los de espíritu destrozado".

Ora conmigo:

Señor, aunque sigo sintiendo heridas que aún duelen, te pido perdón por intentar esconderte mis emociones, creyendo que mi tristeza te ofende. Enséñame a no invalidar mi propio dolor. Dame la gracia para caminar sosteniendo mis fracturas en una mano y mi esperanza en la otra, sabiendo que en ambas tú estás conmigo. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y amigo. Amén.