sábado, 1 de agosto de 2026

¡EL TESORO QUE TENEMOS EN CASA!

En la carrera por alcanzar el éxito, el dinero, una mejor posición o el reconocimiento externo, es muy fácil descuidar lo que realmente importa. Muchas veces cometemos el error de dar nuestra mejor sonrisa, paciencia y tolerancia a los extraños mientras que a nuestra familia le entregamos el cansancio, el mal humor y la indiferencia. Olvidamos que los aplausos del mundo son pasajeros, pero la familia es el refugio que Dios diseñó para toda la vida.

Escrito está:
1 Timoteo 5:8 "Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo".
Proveer no significa solamente llevar comida a la mesa o pagar las cuentas; la provisión más valiosa es la emocional y la espiritual. Significa dar tiempo de calidad, abrazos, atención y palabras que incentiven. El peor error que podemos cometer es valorar a nuestros seres amados cuando ya es demasiado tarde, o cuando el distanciamiento ha enfriado los corazones. Los éxitos laborales o financieros no pueden llenar el vacío de un hogar descuidado o fracturado por el orgullo.
Si fallamos en el hogar, no importa en qué otra cosa tengamos éxito: habremos fallado en lo principal. Hoy es un buen día para pedir perdón, para colgar el teléfono un momento, mirar a los ojos a los nuestros y recordarles cuánto los amamos. No esperemos a que la ausencia nos enseñe el valor de la presencia.
Ora conmigo:
Señor, gracias por mi familia. Perdóname si los he descuidado o si he puesto otras prioridades por encima de ellos. Prometo valorarlos, cuidarlos y protegerlos, entregándoles lo mejor de mí. En el nombre de tu Hijo mi Salvador y Amigo. Amén.


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