Cierto día el ricachón Anacleto decidió mostrarle a su hijo como vivía la gente pobre y lo llevó donde una familia campesina.
Al regresar le preguntó:
¿Qué te pareció la miseria en la que vive esa gente?
El pequeño respondió:
¿De qué me hablas papá?
"Ellos tienen tiempo para sentarse a conversar con sus hijos, tú y mamá trabajan a toda hora y casi nunca los veo. Gracias por mostrarme la verdadera riqueza"
Aquí el problema radica en apegarse a lo material, porque la opulencia puede llevarnos a quitarle el primer lugar al Rey de Reyes.
En realidad, el patrimonio obtenido con integridad es una bendición que el Señor obsequia a las personas, pero no te afanes por ser pudiente, ni te abandones a la pobreza, busca un punto medio y sobre todo ten presente que se es verdaderamente rico cuando se tiene a Dios en el corazón. Es esto lo que debes enseñarle a tus hijos.
La palabra lo dice:
Mateo 6:24 "Nadie puede servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o estimará a uno y menospreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas"
Ora conmigo:
Señor, gracias por la vida y por las bendiciones que nos regalas. Reconozco que lo verdaderamente importante, es nuestra relación contigo y con quienes nos rodean. Permítenos encontrar gozo en lo que tenemos y aprender a ser generosos con los demás. Ayúdame a no apegarme a las cosas materiales, sino a buscar siempre tu voluntad y tu paz. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y amigo. Amén.
