Faltando pocos meses para finalizar mis estudios de educación secundaria, la orientadora vocacional me entrevistó para descubrir si tenía alguna idea del título que me gustaría obtener en la universidad.
"¿Qué vocación tienes en mente?" me preguntó.
Con cierto temor le dije: "mi mayor anhelo es ser educadora. Yo misma me sorprendí con esa respuesta porque nunca había considerado esa posibilidad. Pero esa fue la carrera universitaria que estudié y ejercí por 34 años.
Trabajar con niños, jóvenes y adolescentes no es fácil porque cada uno tiene su carácter y forma de ser. Sin embargo, no hay nada más maravilloso que escuchar cada una de sus ocurrencias.
Por mi aula pasaron infinidad de alumnos. No tuve diferencias con ninguno, para mí todos eran iguales y a diario les repetía estas palabras:
"Estoy segura que celebraré cada uno de sus logros pero quiero que recuerden que para triunfar es necesario perseverar, no desistan, no se den por vencidos, ni se queden a mitad de camino. Ustedes tienen una vida por delante y deben esforzarse en todo lo que se propongan"
Filipenses 4:13 "todo lo puedo en Cristo que me fortalece"
Hoy en día he tenido la dicha de conversar con muchos de ellos, profesionales en su gran mayoría y me regocijo al saber que mi trabajo no fue en vano.
Señor, bendice a cada uno de mis ex alumnos, que sientan tu presencia en sus vidas y sean motivados a seguir aprendiendo y creciendo. Que puedan ver en cada persona honesta y trabajadora un ejemplo de dedicación, integridad y fe. En el nombre de tu Hijo. Amén.















