En un mundo donde la queja es el plato del día y la controversia inunda conversaciones, Dios nos llama a un nivel distinto de vida. Él nos invita a reflejar su carácter con lo que decimos y también con lo que callamos.
Filipenses 2:14-15 "Hagan todo sin quejarse y sin discutir. ▪︎ Así serán hijos de Dios, sin culpa y sin falta viviendo entre una generación perversa y mala. De esa forma brillarán entre ellos como estrellas en un mundo de oscuridad"
El apóstol Pablo con sabiduría divina, nos exhorta a hacer todo sin descontento ni discusiones. Pero esto no es solo una invitación a portarnos bien; es una estrategia espiritual para brillar en medio de una generación que se ahoga en las tinieblas.
La pureza del corazón se nota en la decencia y la honestidad del hablar. No es casual que Jesús dijera: “de la abundancia del corazón habla la boca” y escrito está.
Leamos:
Lucas 6:45 "El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca"
Cuando nuestras palabras están llenas de amor, estamos mostrando al mundo que Cristo vive dentro de nosotros. No quiero decir con esto, que debamos reprimirnos o aparentar, se trata de vivir tan conectados con él que nuestras palabras reflejen su luz.
Deja la protestadera y date la oportunidad de brillar mostrándole al mundo que hay una manera distinta de vivir y esmerate en hablar usando palabras que alienten, consuelen y bendigan.
Ora conmigo:
Señor, deseo que en medio del ruido y el caos, mi voz sea diferente. Enséñame a hablar con sabiduría, a callar cuando sea necesario y a levantar a los demás con cada palabra. Gracias, Padre, sé que me estás moldeando. Decido entregarte no solo mi corazón, sino también mis palabras. En el nombre de tu Hijo. Amén.


