Al vernos atrapados en la rutina diaria, en las preocupaciones y en lo que no podemos resolver, perdemos de vista la majestuosidad y grandeza de quien todo lo puede, olvidando por completo que nuestro deber es honrar y glorificar su santo nombre.
Escrito está:
1 Timoteo 1:17 "Por tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, al único Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén."
Este versículo nos recuerda que él está por encima de todo.
Ora conmigo:
Amado Padre, reconociendo tu inmensidad, anhelo mostrarte mi lealtad con acciones y palabras. Guíame mi Señor para adorar y reverenciar tu santo nombre en todo momento. En Cristo Jesús. Amén.
