Leamos en el nombre de Cristo:
Romanos 12:2 "Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto"
Renovar nuestra mente significa filtrar cada pensamiento con la verdad, detenernos cuando la ansiedad nos quiere gobernar, reconocer que aunque las circunstancias no cambien de inmediato, la mente sí puede alinearse con lo que la Palabra dice. Y esto lo cambia todo, porque cuando nuestro razonamiento se ordena, el corazón encuentra descanso.
El enemigo sabe que si conquista nuestra mente, debilita nuestra fe. Por eso necesitamos llenar nuestros pensamientos de gratitud, de esperanza y no de quejas ni de miedo.
El cambio empieza en ese rincón silencioso de la mente donde nadie más entra, excepto el Padre y tú.
Ora conmigo:
Señor, decido pensar como tu hija y no como esclava del temor. Mi mente es tuya y en ella reinará tu Espíritu. En el nombre de Jesús. Amén.
