En un mundo donde las sombras a menudo se confunden con la realidad, se nos llama a vivir en la luz de la verdad.
Aquellos que desconocen a Cristo se adentran en un laberinto de ilusiones donde el amor se tuerce en deseo y la comprensión oscurecida coloca lo temporal sobre lo eterno. Muchos, en su ceguera espiritual, justifican sus faltas y acumulan bienes sin saciarse, desoyendo las normas y buscando el placer a costa de los demás.
Efesios 4:17-18 "Pero esto quiero decirles en el nombre del Señor, y en esto quiero insistir: no vivan ya como la gente sin Dios, que vive de acuerdo a su mente vacía. Esa gente tiene el entendimiento entenebrecido; por causa de la ignorancia que hay en ellos, y por la dureza de su corazón, viven ajenos de la vida que proviene de Dios."
Tales comportamientos nos recuerdan la necesidad de una transformación interna, esa que solo Cristo puede ofrecer. Somos llamados a apartarnos de la indifference que menosprecia la vida y la dignidad humana, y a buscar un camino que honre a Dios y refleje su amor y santidad.
Recuerdo un evento que presencié hace años, donde un hombre observaba a otro golpear salvajemente a su pareja sentimental, sin hacer nada para ayudarla, hasta que alguien le ofreció dinero para que intercediera; y así fue que reaccionó.
Sentí tristeza y pensé: "Tal indiferencia no habita en todos, pero esta terrible situación me ha demostrado que sin Cristo, el alma está desprotegida y vulnerable ante la adversidad."
Ora conmigo:
Señor, que mi vida sea un testimonio de la transformación que tú has realizado en mí. Guíame para vivir con integridad y compasión. Permíteme ser un faro de esperanza y un refugio de amor para aquellos que aún no te conocen. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.
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