Vivimos en un mundo donde la comparación parece llevar la batuta porque todos los días vemos por las redes sociales, personas que muestran estilos de vida que parecen inalcanzables y muchas veces, sin darnos cuenta, dejamos que eso robe la alegría de lo que ya tenemos. Pero la Palabra Sagrada, nos recuerda que lo verdaderamente valioso no está en tener más, sino en disfrutar con gratitud lo que ya tenemos.
Escrito está:
Salmos 128:2 "Disfrutarás del fruto de tu trabajo, serás feliz y te irá bien en la vida"
No importa si lo que tienes parece “pequeño” a los ojos de otros; si proviene del esfuerzo honesto y está acompañado de gratitud, es un regalo de Dios.
¿Acaso no es maravilloso tener un plato de comida en la mesa, un techo donde dormir, o la risa de nuestros seres queridos en casa?
¿No es fantástico despertar cada día con salud, con la oportunidad de volver a intentarlo y con la certeza de que Dios camina a nuestro lado?
Su bendición no siempre se mide en cifras bancarias, sino en paz interior y en la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas.
Cuando mostramos gratitud, el mismo Dios, abre las puertas para darnos más, no porque lo necesitemos para ser felices, sino porque él honra al corazón agradecido.
Hoy te animo a mirar tu vida con otros ojos.
¿Qué tal si en lugar de enfocarte en lo que te falta, levantas tus manos y agradeces por lo que ya tienes?
Ahí comienza la verdadera riqueza de un corazón noble que reconoce la bondad de Dios en cada detalle.
Ora conmigo:
Señor, disfrutaré del fruto de mis manos y nunca olvidaré que todo lo que tengo viene de ti. Que mi gozo sea reflejo de tu bondad y que pueda compartir con otros cada bendición que me das. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.
