En un mundo donde se señala al que tropieza, Dios nos llama a extender la mano al caído.
No somos nadie para juzgar, sino para mostrar el mismo amor y compasión que Cristo mostró con cada uno de nosotros, porque todos, en algún momento, hemos necesitado que alguien nos levante, nos anime y nos recuerde que no estamos solos.
¿O acaso aún no sabes que la bondad es más poderosa que la crítica?
Jesús mismo nos dio el ejemplo. Él nunca fue el pie que hundió al desprotegido, ¡no...! él siempre ha sido un brazo restaurador.
Seguir su ejemplo significa decidir ser luz en la oscuridad y esperanza en medio del dolor.
Gálatas 6:2 “Sobrelleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo"
El verdadero amor no empuja, da la mano y levanta con ternura.
Procura ser esa persona que ayuda a sanar heridas en lugar de abrir nuevas.
Levantar al abatido, es poner de manifiesto su carácter.
