Mostrando entradas con la etiqueta 1 Reyes:17:21-22. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1 Reyes:17:21-22. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de marzo de 2026

¡IMITEMOS A ELÍAS...!●

Todos hemos orado por distintas circunstancias y nos desespera el solo pensar que el tiempo pasa sin ver nada favorable. Pero el pasaje que leerás a continuación nos recuerda que "cuando creemos que todo está perdido, es cuando más debemos orar".

Leamos:

1 Reyes 17:21-22 "Entonces Elías se tendió tres veces sobre el niño suplicando al SEÑOR en voz alta: «SEÑOR mi Dios, permite que este niño viva de nuevo». ▪︎  El SEÑOR respondió a la oración de Elías y el niño comenzó a respirar de nuevo. ¡Estaba vivo!"

Elías no se dio por vencido. Se postró sobre el niño muerto no una, ni dos, sino tres veces. ¡Y oró! No fue una petición con palabras rebuscadas, fue un clamor, un grito del alma, una súplica cargada de fe y lo que parecía imposible sucedió: el niño volvió a la vida.

Vivimos en una época de inmediatez, donde se dice con facilidad "es ya, de lo contrario no doy crédito a nada". Queremos respuestas como ráfagas de viento, soluciones rápidas y si Dios no responde en el primer intento, lo abandonamos. Pero él no funciona así. A veces, el milagro no ocurre con la primera súplica, no porque él no escuche, sino porque quiere enseñarte a perseverar, a confiar, a depender de él más allá de lo visible.

Este devocional no es para los que se rinden fácilmente. Es para los que están dispuestos a decir: “Señor, no me muevo de aquí hasta que tú obres. No dejaré de orar hasta que algo suceda.” Así ora el que cree. Así ora el que sabe que el cielo no está cerrado, que Dios sigue haciendo milagros y que el mismo Dios de Elías escucha tu voz.

Ora conmigo:

Padre de la gloria, dame la pasión de clamar con todo el corazón, la valentía de insistir aunque parezca que nada cambia y la fe de saber que tú me escuchas. Aviva mi espíritu. Renueva mi fuego y si mi respuesta aún no llega, que nunca deje de orar. Te lo imploro en el nombre de tu Hijo mi Salvador y amigo. Amén.