Todo sale bien.
¿Sabes por qué...?
Porque Dios no nos deja sucumbir ante las tempestades de la vida.
¡No desesperes...! ¡ten paciencia y confía...! pero cuando logres lo que anhelas, no digas: "que buena suerte la mía"
Todo lo contrario, demuestra tu agradecimiento venerando su santo nombre, poniendo de manifiesto su Palabra en tu vida y sobre todo, reconociendo a viva voz que nunca fue casualidad, que siempre fue él quien estuvo ahí contigo.
Salmos 145:2 "Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre"
Ora conmigo:
Gracias Señor por mis achaques, mis alegrías, mis tristezas y por permitirme comprender la grandeza de tu amor. En el nombre de tu Hijo. Amén.

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