martes, 1 de agosto de 2023

¡ACEPTO TU REGALO SEÑOR...!●

La ira de Dios es una respuesta a la desobediencia y está dirigida a todo aquel que se niega a regirse según su voluntad. 

Él es perfecto y su misericordia es tan inmensa que proporcionó un camino para ganar la vida eterna, esa vía es: el arrepentimiento y el reconocer a su Hijo como Señor y Salvador, esto es lo único que aleja el enojo del Padre sobre el pecador.

Su Palabra lo dice:

Juan 3:36 "“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”

Las enseñanzas de Jesús apoyan el concepto de Dios como un Dios de ira que juzga el pecado y las serias consecuencias para el transgresor no arrepentido. Tal cual lo manifiesta el apóstol Pablo.

Leamos:

Romanos 6:23 "Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro"

La vida eterna en el sentido bíblico es un  regalo que Dios nos concede por medio de la gracia de su Hijo. Aceptar esta ofrenda divina es reconocer que Cristo soportó el coraje del Todopoderoso cuando murió en la cruz asumiendo nuestro lugar.

Romanos 5:9 "Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”

No aceptarlo es no querer dejar atrás la vida pecaminosa, quien escoja esta vía tendrá que asumir las consecuencias.

Romanos 2:5-6 "Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, ▪ el cual pagará a cada uno conforme a sus obras"

El Señor nos espera como el padre del hijo pródigo, pero hay que volver arrepentidos y pedir perdón.

¡No lo pienses más y busca tu salvación...!

Salmos 86:5 "Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan"

Ora conmigo: 

Padre, mi fe está puesta en tu Hijo, él murió por mis pecados y resucitó de los muertos para darme vida eterna. Perdona mis transgresiones y ayúdame a vivir para ti. Oro en el poderoso nombre de Jesús. Amén.  



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