Hoy salí al supermercado más cercano y sin querer, escuche a una señora decirle a un joven que supongo sea su hijo:
"Quiero que tengas estas palabras grabadas en tu mente y en tu corazón: la amabilidad y el respeto nos conllevan a ser portavoces de buenas nuevas"
Esa expresión quedó grabada en mí, por eso decidí, basándome en ellas hacer una comparación que bien vale la pena.
Los golpes físicos duelen, duelen mucho y más cuando quien los propina es una persona que se ha ganado nuestra lealtad y aprecio, pero no necesariamente son ellos los más dañinos, porque con las palabras que decimos, estando molestos o airados, fácilmente le bajamos el autoestima a cualquiera en cuestión de segundos.
Cuando te sientas fuera de control, traga grueso, toma agua y siéntate donde nadie te moleste hasta que el malestar se te pase, pero no abras tus labios para despotricar y decir sandeces porque no sabes a quien puedes enviar al pozo de la frustración por tu falta de dominio.
Si no lo sabes, te lo diré, la lengua tiene un poder inmenso y debemos ser cuidadosos en como la usamos, especialmente si somos representantes de Cristo.
Vivir una vida para Dios se tiene que reflejar en todos los aspectos. Piensa en ser un ejemplo en lugar de ser alguien que destruya con frases hirientes o negativas.
Proverbios 14:29 "El que mantiene la calma es inteligente; el que se enoja fácilmente es un tonto"
Ora conmigo:
Señor, que mi corazón sea lleno de tu amor y gracia y que mis palabras sean portadoras ánimo para aquellos que me rodean. Ayúdame a ser ejemplo en este mundo, reflejando tu bondad y respeto en todo momento. Que mi empatía sea un testimonio de tu amor. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y amigo. Amén.

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