Parece mentira pero a veces un saludo, una sonrisa, una mirada, un gesto amable, un abrazo o un escuchar atentamente, cambia el día de una persona, la conforta y le devuelve la esperanza.
Nosotros no tenemos ni la más remota idea de las luchas que pueden estar afrontando nuestros semejantes.
Si Dios nos ha dado la hermosa tarea de servir de bendición a otros, entonces, pidamosle nos prepare para ayudar a los demás.
Miremos con amor y escuchemos pacientemente para que él nos conceda la gracia de llegar donde hay necesidad, nostalgia, desilusión y poder ofrecer palabras alentadoras al que sufre en momentos de angustia.
Salmos 34:18 "El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido"
Ora conmigo:
Padre misericordioso, danos sabiduría para aceptar sin protestar tu santa voluntad y enderezar aquello que está errado en nuestro mundo. En el nombre de Jesús te lo imploro. Amén.

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