Faraón, el gobernante de Egipto y a quien no le importaba el terrible abuso y opresión que sufrían los israelitas, nos enseña sobre la dureza del corazón.
Este hombre a pesar de ver las señales y maravillas de Dios a través de Moisés, se negó a cambiar su actitud déspota y tiránica.
Su terquedad lo llevó a experimentar graves consecuencias.
Las plagas le demostraron que Dios es más poderoso que los falsos dioses.
Lastimosamente estos comportamientos erráticos de intolerancia e intransigencia dominan al mundo en la actualidad y son ellos los que conllevan al ser humano a sufrir consecuencias nefastas a nivel personal.
Romanos 2:5 "Pero por tu obstinación y por tu corazón sin arrepentimiento sigues acumulando castigo contra ti mismo para el día de la ira, cuando Dios revelará su justo juicio"
Resistirse a escuchar la voz celestial es mostrar rechazo a sus mandamientos.
Pongamos de nuestra parte y reconozcamos la importancia de la obediencia, demos paso a la humildad para que la guía divina se haga presente en nuestras vidas.
¡Que esta reflexión nos ayude a mantener nuestros corazones abiertos a la voluntad del Padre!

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