"Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas"
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Tú y yo somos privilegiados, pero reconozcamos que la mayoría de las veces nos dejamos aturdir por los problemas o por las cosas que no tenemos, en lugar de expresar nuestra gratitud a Dios Padre por todo lo que hay en nuestras vidas.
Si su fidelidad es incondicional y dura para siempre, entonces ¿Cómo no valorar un amor tan real...?
No dejemos escapar la oportunidad de agradecerle todos esos detalles que él nos da cada día.
¡Glorifiquemos su santo nombre...! ¡Con sinceridad, de corazón...! dando gracias por la vida, la salud, los alimentos y hasta por la taza de avena que nos recuerda algún momento feliz de la infancia, porque con eso reconocemos cada una de sus maravillas.
Él se alegra cuando reconocemos su grandeza, por eso nuestra gratitud no debe de cesar jamás.
¡Es hora de prepararnos para poder sentir la necesidad de los demás...!

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