Una persona que no domine sus emociones, fácilmente pierde el control y ofende sin medir palabras. Estas acciones fracturan cualquier relación por muy sólida que sean sus bases.
Hoy recordé un evento por cierto, bastante desagradable donde una amiga a quien aprecio de corazón, me ofendió sin consideración alguna pero lo más cumbre fue que pasados unos días, la agresora, ya calmada se acercó a mi, pidiéndome disculpas por el agravio cometido.
Comprendí que en ese preciso momento tenía que elegir entre la cordialidad y la represalia.
La miré y pensé que mitigar el disgusto es seguir el ejemplo de Jesús y abrir camino a la reconciliación. Y eso fue lo que hice.
Romanos 5:8 "Pero Dios muestra su amor por nosotros en que, cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros"
Estoy más que segura que en ese encuentro ganó el amor y el perdón y que las dos sentimos la bendición de Dios.
Ora conmigo:
Padre, vivir con amarguras no nos beneficia en nada, prepárame para ser benevolente ante una injuria de obra o de palabra. En el nombre de tu Hijo oro. Amén.

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