Recibir a Cristo significa acercarnos a Dios, abandonando el ritmo de vida mundano que nos inclina a los placeres y frivolidades de una sociedad totalmente corrompida.
Solo él puede perdonar nuestras transgresiones y transformarnos en una nueva persona.
Creer que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados, no es suficiente. Es necesario aceptarlo por fe y como un acto de voluntad propia.
Escrito está:
Efesios 2:8 "Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios"
Ora conmigo:
Padre, creo ciegamente en tu Palabra, por eso decido aceptar a tu Hijo como Señor y Salvador de mi vida. Me entrego a él en cuerpo y alma, para que su Espíritu haga morada en mi corazón y me otorgue la luz y el discernimiento que me permitan honrar tu santo nombre. Así sea. Amén.

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