Las adversidades llegan inesperadamente y al no encontrar una solución inmediata, olvidamos que hay un Dios más poderoso que el problema que estamos atravesando.
Darse por vencido, dejando todo de lado sin ánimos de luchar, se llama desesperanza, porque es en esos momentos de angustia, de desaliento, de desánimo y pesimismo, donde necesitamos poner a flote nuestra fe.
Quizás pienses que hablo por hablar, pero no es así.
¡Quien confía sin titubear, siempre estará fortalecido...!
Salmos 34:17 "Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias"
Aunque las pruebas sean duras y te cueste entender, confía en él.
Aunque el problema siga latente y no consigas solución, confía en él.
Por muy fuerte que sea el dolor, confía en él.
Si no ves la salida, confía en él.
No esperes que la brisa sople a tu favor para alabar y venerar su santo nombre, ¡hazlo a cada instante...! ¡con entusiasmo...! porque su amor es real, además pasar por pruebas amargas es necesario, solo así se madura espiritualmente y se busca ser una mejor persona.
Deuteronomio 31:8 "Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides"
Ora conmigo:
Señor, danos una fe fuerte como una roca para permanecer firmes en medio de las pruebas y llena nuestros corazones de fortaleza y paz. En el nombre de Jesús oro. Amén.

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