La humanidad está enferma de algo mucho peor que el cáncer. Se llama pecado y causa una muerte eterna.
Pero Dios en su infinita misericordia, ha otorgado la cura: Su Hijo, el Unigénito.
Dar a conocer esta buena nueva, es cumplir con uno de los mandatos que Jesús dio a sus discípulos: Compartir el evangelio a toda criatura.
Mateo 28:19 "Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"

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