Si tienes la dicha de tener a tu madre viva, demuéstrale sin cesar lo mucho que la amas y no asumas tontamente que ella ya lo sabe.
Apapachala y llénala de besos como cuando eras niño, así le demostrarás lo valiosa que es su presencia en tu vida.
Sé prudente, generoso y aunque pienses diferente, tratala con respeto porque cuando se despida de este mundo ya nada será igual y tendrás que conformarte con los recuerdos de ese ser maravilloso que llamamos: Mamá
Salmos 127:3 "Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa"

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