Ruperta, una mujer admirable, trabajó sin descanso para que su hijo Raúl ingresara a la universidad.
A punto de graduarse, el joven le pidió que asistiera a su acto de grado pero ella le dijo: "mi amor, por más que quiera no puedo complacerte, el traje que tengo es muy viejo y los zapatos están rotos"
"Mamá, eso no importa. Lo único que quiero es que estés presente"
De tanto insistir, logró convencerla y grande fue su sorpresa cuando supo que Raúl era el mejor alumno de la promoción.
Con título en mano la abrazó, la besó y le dijo:
"Te esmeraste en darme lo mejor, trabajaste sin descanso alguno y muchas fueron las noches que me acompañaste a estudiar. Este es el premio a tu sacrificio, sin ti jamás lo hubiese logrado"
Efesios 5:1-2 "Por tanto, imiten a Dios como hijos muy amados ▪ y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios"
Esta historia nos incentiva no solo a ser agradecidos con lo mucho o poco que tenemos sino a reconocer que sin él, no somos nada.
Señor, hoy el momento es propicio para testificar a otros todas las bendiciones que tú me das. En el nombre de Jesús. Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario