El abandono es una herida que duele en lo más profundo del alma. Esa sensación de vacío es abrumadora.
Parece mentira pero hoy en día las relaciones humanas, por más sólidas que parezcan, pueden quebrarse. Sin embargo, en medio de ese dolor, hay una verdad eterna que nos llena de esperanza: Dios nunca nos desampara.
El rey David sabía muy bien lo que era sentirse solo, perseguido, traicionado y en el único que halló refugio fue en el Rey de Reyes y Señor de Señores.
Salmos 27:10 "Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me acogerá"
¿Te das cuenta?
Él no es como las personas, su amor es constante y eterno.
Además, Jesús nos recuerda que no estamos solos.
Mateo 28:20(b) "Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo"
Cuando sientas el corazón desierto y la tristeza no te permita andar, rememora ese abrigo incondicional.
Eso sí, debes confiar aún cuando el dolor intente nublar tu esperanza.
No es fácil, pero si levantas tu mirada al cielo, encontrarás unos brazos abiertos que jamás te dejarán ir.
Ora conmigo:
Amado Padre, hay ausencias que solo tú puedes llenar. Logré comprender que aunque las personas puedan fallar, tú jamás me dejarás. Gracias por ser mi refugio. Abrazame en el nombre de tu Hijo. Amén.

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