Hoy en día, el mundo nos empuja a buscar nuestro propósito en el éxito, en los logros personales y hasta en la aprobación ajena.
Sin embargo, Cristo nos enseña que el verdadero objetivo se encuentra en alinearnos con la voluntad de Dios.
Cuando sentimos el deseo de amar, de servir y obedecer su Palabra, nuestra existencia cobra sentido.
No con esto quedamos exentos de dolor, enfermedades y tribulaciones. Las dificultades no desaparecen, pero se transforman en parte de un plan divino y así como Jesús, fue fortalecido por un ángel, nosotros también recibimos la fortaleza necesaria cuando confiamos en que él tiene el control.
Lucas 22:43 "Entonces se apareció un ángel del cielo para fortalecerlo"
En un mundo donde tantos se sienten perdidos, recordemos que nuestro plan ya está definido: reflejar a Cristo en nuestras vidas, amando a los demás, siendo luz en la oscuridad y creyendo en que cada paso, incluso los más difíciles, tienen un significado que sólo él entiende.
Ora conmigo:
Amado Señor, quiero vivir no para mi propio beneficio, sino para glorificarte y llevar tu amor a quienes me rodean. Lléname de tu paz y guíame para cumplir con tu propósito. En el nombre de tu Hijo. Amén.

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