Dios restaura al caído, da luz al perdido y calma al sediento porque solo él puede transformar cualquier adversidad en una gran victoria y aunque el enemigo quiera oponerse, sus planes siempre prevalecen.
Tú confía y recuerda su promesa:
Deuteronomio 31:8 "El SEÑOR es quien va delante de ti. Él estará contigo; no te dejará ni te desamparará. ¡No temas ni te atemorices!”

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