Imagina una compasión que envuelve cada error, una misericordia desbordante, una gracia inmerecida y un amor tan profundo que no se puede medir.
Así mismo es Dios, en su bondad, no nos acosa con reproches, ni guarda rencor eterno. Lo más asombroso es que Él no nos trata según merecen nuestros pecados, ni nos retribuye conforme a nuestras faltas. Él olvida nuestros desaciertos y los aleja tanto como el oriente del occidente.
Escrito está:
Salmos 103:12 "Tan lejos como está el oriente del occidente, alejó de nosotros nuestras rebeliones"
Jamás nos condenará ni nos avergonzará cuando decidimos buscarlo, tampoco nos verá por lo que somos, sino por lo que podemos llegar a ser.
Esta bondad es real y está disponible para ti, para mi y todo aquél que la desee.
Ora conmigo:
Señor, que mi corazón siempre se acuerde de tu amor y gracia y que mi vida sea un reflejo de la gratitud que siento hacia ti. En el nombre de tu Hijo. Amén.

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