lunes, 1 de junio de 2026

¡TÚ VALES ORO!●

Hace poco tiempo conversé telefónicamente con una señora que fue mi compañera de trabajo. Me decía lo mal que se sentía por haber permitido ciertas situaciones en su pasado. Dejé que, a través de sus palabras, desahogara ese sentimiento de dolor y frustración que hoy la atormenta.

Cuando me tocó hablar, le dije:
Mi amada amiga, a veces somos jueces implacables de nuestra propia historia. Nos castigamos por haber confiado en la persona equivocada, por haber tolerado cosas que hoy jamás aceptaríamos o por no haber sido más valientes cuando la situación lo requería.
Es injusto juzgarte a ti misma. Reconoce que esa versión de ti no tenía la madurez, la experiencia ni las herramientas emocionales que tienes ahora. Dios no mira tu historia para condenarte; Él usó esos mismos tropiezos para forjar a la persona fuerte y sabia que eres hoy.
Suelta lo que no te edifica, erradica esos pensamientos de tu mente y decídete a vivir el presente. Nadie aprende a caminar sin rasparse las rodillas unas cuantas veces, y tú no podías ser la excepción. El hecho de que hoy te incomode lo que permitiste en aquel tiempo, es la prueba más hermosa de cuánto has crecido espiritualmente. No te castigues por las lecciones que te costó aprender y céntrate en lo que dice el Libro Sagrado:
Isaías 43:18 "No recuerden lo que pasó antes ni piensen en el pasado".
¡Sigue adelante, que tú vales oro!
Señor, vengo ante ti con un corazón lleno de gratitud por la vida de Fernanda. Te agradezco por las lecciones que ha aprendido en su camino, incluso aquellas que han sido dolorosas. Ayúdale a soltar todo resentimiento y dolor.
Permítele experimentar el poder de tu amor para que pueda mirar hacia el futuro con esperanza y valentía, sabiendo que cada día es una nueva oportunidad para crecer y avanzar.
Dale la fortaleza para perdonar a quienes le han causado daño y, lo más importante, para que se perdone a sí misma. Que se sienta libre de cargar ese peso y pueda caminar con confianza, sabiendo que tú estás con ella. Te lo pido en el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.


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