Nicodemo, un rico fariseo y miembro del Sanedrín fue el protagonista de un profundo diálogo con Jesús. Él conversó con el Mesías por la noche y le dijo:
Juan 3:2-5 "Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie podría hacer estas señales que tú haces si Dios no estuviera con él.» ▪︎ Jesús le respondió: «De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios.» ▪︎ Nicodemo le dijo: «¿Y cómo puede un hombre nacer, siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar en el vientre de su madre, y volver a nacer?» ▪︎ Jesús le respondió: «De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios"
Este hombre religioso lo tenía “todo”, pero aún así sentía un vacío. Por eso se acercó sin que lo vieran, con dudas, con curiosidad y tal vez con miedo.
El Maestro no le respondió con rodeos. Le habló de la necesidad de nacer de nuevo. No solo de cambiar conductas sino de permitirle al Espíritu Santo hacer una obra nueva en lo más profundo del corazón.
Y esta no es una experiencia que ocurre una sola vez, porque podemos haberle entregado nuestra vida a Cristo, pero hay momentos en los que necesitamos volver a decirle: "Señor, haz algo nuevo en mí porque me desconecté de ti”.
En este mundo tan ruidoso donde cada día viene con sus luchas y tentaciones, necesitamos nacer de nuevo cada día. Dejar que Dios renueve nuestras intenciones, nos limpie el corazón y nos llene de propósito.
No importa cuantas veces hayamos fallado, él sigue diciendo: “Yo hago nuevas todas las cosas”.
Y hoy, Dios quiere hacer eso contigo. Quiere darte un nuevo comienzo. No uno que dependa de tus fuerzas, sino del agua que limpia y del Espíritu que transforma. ¿Estás listo?
Ora conmigo:
Señor, gracias por tu paciencia y por no cansarte de darme nuevas oportunidades. Si tú estás conmigo, todo puede ser diferente. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y amigo. Amén.

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