En su incomparable gracia, el Señor me regaló a una hermosa mujer.
La conocí cuando por primera vez abrí los ojos, de eso hace muchísimos años, me refiero a mi madre.
Fue alegre, servicial, bondadosa, amorosa, trabajadora, entregada en cuerpo y alma a Dios, a su esposo, a sus hijos y a su hogar.
La recuerdo cantando a toda hora y aunque a veces cambiaba la letra de las canciones, su espontaneidad producía en el ambiente un cálido y acogedor efecto.
Genoveva, así se llamó quien por nueve meses me llevó en su vientre y me orientó de la forma más acertada.
Mamá, sigo amándote a pesar de que un día como hoy, hace 26 años, el Señor dispuso llevarte a su reino.
Con este escrito honro tu vida y tu condición de mujer sabia.
Proverbios 31:26 “Habla siempre con sabiduría, y da con amor sus enseñanzas"
Viviré eternamente agradecida porque tuve la dicha de que me tocara la mejor.
Hasta siempre.

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